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Las alergias alimentarias se duplican en una década y los expertos alertan: "Son un riesgo vital"

Las alergias alimentarias se han convertido en uno de los grandes retos sanitarios en las sociedades occidentales. En apenas una década, su prevalencia se ha duplicado y hoy se consideran un problema de salud pública de primer orden. No es una cuestión menor: la alergia a un alimento está catalogada como una enfermedad de "riesgo vital", ya que el contacto con el alérgeno puede desencadenar una reacción grave en cuestión de minutos.

La farmacéutica Amapola Munuera, especializada en Alergia Alimentaria y formada en el Imperial College de Londres, explica que la alergología ha vivido en los últimos años una transformación profunda. "Hemos pasado de un enfoque más clínico y general a uno claramente molecular. Ahora entendemos mejor qué proteínas concretas provocan la reacción y cómo responde el sistema inmunitario de cada paciente", señala. Este avance, apunta, permite afinar el diagnóstico y orientar tanto la prevención como el tratamiento.

Con el objetivo de aclarar dudas, Munuera desmonta algunas de las creencias más extendidas en torno a esta enfermedad.

1. Alergia e intolerancia alimentarias es lo mismo

Falso. "Es una confusión muy habitual", recalca la especialista. Una intolerancia alimentaria es un trastorno digestivo provocado por la incapacidad de procesar correctamente un alimento y suele causar molestias intestinales. En cambio, en la alergia interviene el sistema inmunológico: el organismo identifica como dañina una sustancia inocua -el alérgeno- y reacciona de forma inmediata, con síntomas que pueden ir desde una inflamación leve hasta una anafilaxia potencialmente mortal.

2. La severidad de las reacciones es siempre la misma

Falso. En alergia alimentaria, la intensidad de la reacción es impredecible. "El hecho de que un paciente haya tenido reacciones leves no garantiza que la siguiente vaya a ser igual. Siempre existe el riesgo de que sea más grave", advierte Munuera.

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La dieta sin gluten solo deben seguirla aquellos pacientes que están diagnosticados con celiaquía
Esteban Cobo
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3. Solo hay reacción si se ingiere el alimento

Falso. La exposición no se limita a la ingesta. Una persona alérgica puede reaccionar también al inhalar partículas del alimento o al tocarlo. "Es cierto que la ingesta suele implicar mayor riesgo porque la cantidad de alérgeno puede ser más elevada, pero no debemos infravalorar otras vías de contacto".

4. La celiaquía es una alergia al gluten

Otra creencia falsa. Y es que, a menudo se confunde la alergia alimentaria con enfermedades autoinmunes como la celiaquía. En este caso, el sistema inmunitario ataca progresivamente el revestimiento del intestino tras la ingesta continuada de gluten, generando problemas nutricionales y sistémicos. No es lo mismo que la alergia al trigo u otros cereales con gluten, en la que la reacción puede ser inmediata tras el consumo.

5. El desarrollo de alergias alimentarias no se puede evitar

También falso. "Para que se desarrolle una alergia es necesario que exista una predisposición genética y un contacto previo con el alérgeno", explica la farmacéutica. La evidencia científica indica que la forma de cocinado, la frecuencia y el momento de introducción de determinados alimentos en la dieta infantil pueden influir en el riesgo de sensibilización. "Cada vez orientamos más la alergología hacia la prevención y el tratamiento precoz, especialmente en las alergias más prevalentes".

6. La alergia alimentaria no es una enfermedad grave

Falso. Además de las estrictas limitaciones dietéticas, la alergia alimentaria conlleva una importante carga emocional. "Vivir con una alergia es vivir pendiente de cada etiqueta, de cada comida fuera de casa y de llevar siempre encima la medicación de rescate", explica Munuera. Las reacciones graves por alimentos representan aproximadamente un tercio de las anafilaxias y pueden alcanzar tasas de letalidad de hasta un 2%, según datos clínicos.

"Quien no convive con una alergia alimentaria no siempre es consciente del impacto que tiene en la vida diaria. No es solo evitar un alimento; es convivir con la incertidumbre y con la responsabilidad constante de prevenir una reacción grave", matiza la farmacéutica Amapola Munuera.

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