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Ignas Brazdeikis, el fichaje del Unicaja que admira a Conor McGregor y solo es zurdo cuando mira al aro
Ignas Brazdeikis llega al Unicaja con una de esas particularidades que parecen menores hasta que ayudan a explicar a un jugador. Es diestro para prácticamente todo lo que hace en su vida, pero cuando pisa una cancha y mira al aro, el balón sale de su mano izquierda. No hubo un plan, ni una corrección técnica, ni una decisión meditada. Simplemente ocurrió así. Brazdeikis empezó a tirar con la izquierda de manera natural y nunca lo cambió. Y quizá ahí haya una primera pista de lo que incorpora el Unicaja: un jugador diferente, con cuerpo de exterior potente, alma competitiva y una historia personal llena de caminos cruzados. mieszalniakolorado.pl
El nuevo fichaje cajista nació en Kaunas, una de las grandes capitales sentimentales del baloncesto europeo, pero creció lejos de Lituania. Su familia emigró primero a Estados Unidos y después a Canadá. Chicago, Winnipeg, Etobicoke y Oakville forman parte del mapa vital de un jugador que se considera lituano, pero que fue moldeado por el baloncesto norteamericano. De esa mezcla nace un perfil muy reconocible: físico, directo, agresivo para atacar el aro y con capacidad para jugar desde el contacto.
La mano izquierda de un jugador hecho a golpes de carácter
La zurda de Brazdeikis no es solo una curiosidad. También es una ventaja competitiva. En un baloncesto lleno de automatismos defensivos, un alero fuerte, de 2,01 metros, que ataca desde perfiles poco habituales y finaliza con la izquierda puede desordenar emparejamientos. El Unicaja ficha a un jugador capaz de sumar puntos, cargar el rebote, correr la pista y castigar defensas desde una mecánica que no responde del todo al patrón clásico.
McGregor, el espejo competitivo
Hay otro detalle que ayuda a entender su carácter. Brazdeikis ha reconocido su admiración por Conor McGregor, una figura que encaja con esa parte más desafiante de su personalidad deportiva. No tanto por una cuestión de espectáculo vacío, sino por lo que representa para él: un competidor que crece en ambientes hostiles, que se alimenta de la presión y que convierte cada escenario en una batalla emocional.
Durante su etapa universitaria en Michigan, Brazdeikis ya mostró ese punto de descaro. Le gustaba jugar con el ruido en contra, responder a las gradas, celebrar con fuerza y asumir el foco cuando el partido subía de temperatura. Esa pasión por McGregor conecta con un jugador que no se esconde, que disfruta el cuerpo a cuerpo y que entiende la competición como un pulso constante. El Carpena, acostumbrado a valorar a los jugadores con carácter, puede encontrar ahí una conexión rápida.
La huella de Sigis, su padre
Para entender a Ignas Brazdeikis también hay que mirar a Sigis, su padre. Un hombre criado en la Lituania soviética, hecho a sí mismo en un entorno duro, sin comodidades y con una idea muy clara: la fuerza no era una pose, sino una herramienta para sobrevivir. De joven improvisaba material de entrenamiento con lo que encontraba. Si necesitaba pesas, buscaba metal. Si quería un saco de boxeo, llenaba un saco de patatas con arena. Ese carácter terminó formando parte del ADN competitivo de su hijo.
Ignas creció alrededor del gimnasio, del trabajo físico y de la exigencia. Practicó artes de combate, se acostumbró al contacto y trasladó todo eso a la pista. Su forma de jugar tiene algo de cuerpo a cuerpo: no esquiva el golpe, lo busca; no espera a que el partido le llegue, intenta imponerlo. En Michigan ya era conocido por su descaro, por su fortaleza y por esa capacidad para crecerse en ambientes hostiles.
Un alero con personalidad para el Carpena
El Unicaja incorpora a un jugador que no llega como una promesa por hacer, sino como un exterior con recorrido y personalidad. Brazdeikis tiene experiencia en la NBA, minutos de calidad en Euroliga, pasado en una plaza tan exigente como Kaunas y una identidad competitiva muy marcada. Puede jugar en el perímetro, atacar desde el bote, ir al contacto y aportar ese punto de energía que el Carpena suele reconocer rápido.
Su historia, además, tiene gancho. Es el jugador que lleva Lituania en la sangre, Canadá en la formación y Estados Unidos en el desarrollo. El alero que escribe con una mano y tira con la otra. El diestro que se vuelve zurdo cuando huele la canasta. Una rareza que ahora se pone al servicio del Unicaja.
Brazdeikis llega a Málaga con una mochila cargada de kilómetros, fuerza familiar, pasión competitiva y baloncesto de alto nivel. Y con una zurda inesperada que puede convertirse en una de las armas más atractivas del nuevo proyecto cajista.
La selección es un equipo
Ningún jugador es tan bueno como todos juntos, decía Di Stefano, toda una estrella del fútbol. El Mundial que está realizando la selección española solo puede catalogarse de sobresaliente. Ha ido evolucionando y progresando, de menos a más, tras el dubitativo arranque frente a Cabo Verde. Ha sido hasta el momento y sin discusión la mejor selección del torneo tras eliminar a la gran favorita Francia y desde luego, la más sólida del campeonato al haber encajado solo un gol en siete partidos, que se dice pronto habiéndose enfrentado a las selecciones que se ha medido como Francia, Portugal, Bélgica o Uruguay. ! Un gol en siete partidos! Parece increíble en estos tiempos.
Leer la noticia completaOli, exjugador del Betis: "Sin el fútbol, habría sido ferretero o judoka"
Muchas conversaciones empiezan con una pregunta. Esta empieza con una canción. Y, a partir de ahí, ya no hay manera de sacarlo de los recuerdos. Al habla, Oli: "Conocí a mi mujer en una discoteca en Oviedo mientras sonaba Cuando el mar te tenga, de El Último de la Fila. Hace mil años de aquello. Imagínese lo especial que es para mí este grupo. Yo creo que he ido a casi 50 conciertos. ¡Conozco a Manolo García! He estado con él en un montón de ocasiones, algunas en el camerino, incluso. Le cuento una buena: me casé en Oviedo, y, al día siguiente, me presenté en la sala La Riviera, en Madrid, para ver El Último de la Fila. Otro día, en una barra del Carnaval de Cádiz, lo vi. Él iba como de incógnito, y yo estaba disfrazado. Estuvimos un buen rato hablando. Llámame loco, pero, si hay un concierto de El Último de la Fila, me pierdo el partido que sea".
Pregunta: ¿Qué le dan sus canciones?
Respuesta: Las letras, más allá de las canciones de amor, tienen un punto reivindicativo, de la vida diaria, de la gente de verdad. Me gusta el carisma de Manolo García. Comparto muchas cosas con él. El tema de los móviles, que no le gustan las redes sociales; yo soy igual. A mí me gusta la naturaleza, las cosas pequeñas. Ahora mismo acabo de llegar a casa de pasear por el monte (en Asturias) con mi perro. Me crie así con mi abuelo, cuidando la huerta, con los animales. También, claro, tenía tiempo para ayudar a mi otro abuelo. Tenía una ferretería. Yo era el encargado de cerrar la caja, siempre, a las siete y media. No me dejaba ir hasta que cuadrara todo. Casi todos los días hacía de repartidor con una Vespino. Era como el de Glovo ahora. Yo llevaba tornillos, bombillas, lo que fuera. El otro día se lo estaba comentando a un amigo. Creo sinceramente que, si no hubiera aparecido el fútbol, yo hubiera seguido con el negocio de mi abuelo, la ferretería San Pedro. Nadie de la familia quiso continuar y se cerró. Sería ferretero, sí (silencio). Bueno, también habría tenido otra oportunidad muy buena.
P: ¿Cuál?
R: Judoka.
P: ¿Cómo?
R: Se me daba muy bien. Creo que podría haber hecho carrera en el judo. Tengo el cinturón negro. Mire qué curioso, me lo dio el actual presidente del COE, Alejandro Blanco. Creo que aprender judo me sirvió para el fútbol; yo era un delantero que me encontraba a gusto en el contacto físico, en los agarres, con valentía. La gente del Betis lo sabe; siempre lo di todo, me salieran o no las cosas.
P: ¿Cuándo apareció el Betis en su vida?
R: Cuando mi agente (Joaquín, exjugador del Sporting de Gijón) me dijo que el Betis quería ficharme. Fue en el verano de 1997. Venía de un año increíble en el Oviedo (marcó 20 goles). El problema, claro, era la cláusula de rescisión, 1.000 millones de pesetas (seis millones de euros). Lopera nos dijo que él se encargaba de eso. Yo tenía una boda cerca de Sevilla, y me acerqué, junto a mi representante, por sus oficinas, en Jabugo. Allí mismo, Lopera nos dio los pagarés de los 1.000 millones. Creo que eran cuatro. Fui yo quien llevó aquellos pagarés hasta Oviedo. Así se cerró todo. Con Lopera siempre tuve una relación buena. Me llamó mucho la atención que le preocupara dónde iba a vivir. De hecho, me ayudó a encontrar casa. Yo creo que era porque él sabía que a mí me gustaba la naturaleza, y no quería vivir en un piso.
P: ¿Qué casa le ofrecieron?
R: ¿La verdad?
P: Claro.
R: Pues una de las primeras que me ofrecieron fue la de Benjamín, la que luego salió por lo de Halloween. Al final me fui a otra, con un estilo muy andaluz, con azulejos y un patio sevillano. Le encantó a mi mujer y a mi madre. Lopera, al principio, estuvo un tiempo preguntándome si ya había encontrado una casa que me gustara. Conmigo se portó muy bien. Nos entendíamos. Siempre, hasta que falleció, tuvo la costumbre de enviarme un vídeo para felicitarme por mi cumpleaños. Luego, sí, claro, hubo episodios dentro del equipo muy llamativos...
P: ¿Por ejemplo?
R: Cuando Luis Aragonés dimitió. Estábamos en el hotel de Sancti Petri, en Chiclana, y nos llamaron a las dos de la madrugada para decirnos que el míster se iba. Alexis fue llamando puerta por puerta.
P: ¿Por qué se fue?
R: Porque defendió a Jarni, que quería irse al Madrid.
P: ¿Y Lopera?
R: Pues todo lo contrario.
P: Pero al final se fue, ¿no?
R: Sí, nos quedamos sin entrenador, y sin Jarni. También otra vez, en el mismo hotel, dimitió Guus Hiddink. Ya había cachondeíto con esto.
P: Hablando de guasa, Benjamín.
R: El tío más personaje que he conocido. En el Betis siempre tocaba los timbales en el vestuario. Se le daba bien, la verdad. Pero me di cuenta de que había mejorado un montón cuando, muchos años después, coincidimos en el Cádiz. Yo no me podía imaginar que el primer día de entrenamiento se fuera a presentar con los timbales. ¡Pues lo hizo! Tenía magia.
P: Otro con magia, Joaquín.
R: Debutó con el Betis en el último partido que jugué, en la primera jornada de la temporada 2000-01, ante el Compostela. Un genio. No sorprendió a nadie. Volaba. En los entrenamientos, cuando jugábamos contra el Betis juvenil, Otero, que era lateral, siempre se lo decía: "Niño, vete para la otra banda, que me vas a arruinar".
El reloj avanza, pero Oli sigue saltando de una historia a otra. Puede ser una canción, una ferretería, un vestuario, un amigo. Y, casi sin darse cuenta, acaba contando algo más que una carrera de futbolista.
LO QUE ME MUEVE
Hay una palabra que aparece varias veces durante la conversación. Cerca. Cerca de sus padres, Tito y Mari. De su mujer. De su hija, recién graduada en Periodismo y Relaciones Internacionales. También de los amigos, con los que siempre acaba organizando una comida, un viaje o un concierto. Nunca ha sabido quedarse al margen. Fue líder y capitán en el Oviedo, el Betis y el Cádiz. Y guarda un cariño especial por Miki Roqué, al que entrenó en el Betis B antes de que el cáncer se cruzara en su camino. Porque, al final, Oli habla de fútbol como quien recuerda un oficio. De las personas, en cambio, habla como quien sigue viviendo entre ellas.

