El Real Zaragoza acababa de doblar la rodilla de una manera inverosímil en el partido contra el Granada, después de perder el balón en una falta a favor con el tiempo a punto de consumirse. En lugar de colgar la pelota en el área contraria, donde esperaba prácticamente todo el equipo en busca del 1-0 in extremis, el lío fue monumental: Adri Rodríguez se la dio a Mawuli, Mawuli a Hugo Pinilla, Hugo Pinilla a Mawuli y Mawuli a Dani Gómez, a quien ya nunca le llegó el esférico.
Entre tanta confusión, el resultado fue la pérdida de balón en el costado izquierdo del ataque local de un modo absurdo, la recuperación por parte del Granada y el inicio de un contragolpe en clara ventaja que terminó con el tanto de Álex Sola a portería vacía. El castigo para el Real Zaragoza fue enorme: otra derrota, una oportunidad preciosa desperdiciada (un triunfo hubiera sacado al equipo de la zona de descenso de manera momentánea), el enfado mayúsculo de la afición, la frustración generalizada y, sobre todo, la reducción de las posibilidades de salvación un poco más.
Después de la acción, El Yamiq, un veterano de guerra con 34 años de batallas a sus espaldas, reprendió públicamente a Mawuli, un joven de 22 años, que fue quien finalmente perdió el balón decisivo en una mala entrega tras sobarlo de manera innecesaria entre varios futbolistas. El servicio no era bueno y el movimiento que hizo Dani Gómez, tampoco. La pelota había ido a todos los sitios menos donde debía ir.
Un buen equipo, sano, bien armado, con los códigos correctos, gana unido y pierde unido en cualquiera de las circunstancias, cuando el viento sopla a favor y cuando viene en contra. El Yamiq fue el gran fichaje del Real Zaragoza en el último mercado de invierno junto a Rober González. El centrocampista ha cumplido con las expectativas e incluso las ha superado. Este miércoles tuvo incluso la valentía de denunciar públicamente los actos de vandalismo en su casa.
El central, firmado para liderar la defensa, una de las áreas del campo más débiles durante los primeros meses de competición, no ha respondido como de él se esperaba. Hasta ahora, su bagaje es muy pobre. Ni se ha cargado de razones, más bien al contrario, ni está para dar lecciones a nadie. Está para agachar la cabeza y mejorar su rendimiento.