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Rubén Sellés, Txema Indias, Lalo Arantegui y el Real Zaragoza que va a saltar por los aires

Al final del partido, saldada con otra derrota, esta vez por 0-1 contra el Burgos, el equipo todavía más colista (a ocho ya de la zona de la permanencia con solo 14 partidos por disputarse), Francho prometió seguir intentándolo hasta el final. Luego se quedó sin palabras: “Es que ya no podemos decir nada más”. El miércoles pasado, el capitán había comparecido para tratar de izar la bandera emocional de la resurrección en una rueda de prensa que coronó con aquella proclama que a Rubén Sellés no le gustó mucho por su contenido poco educado: “O hacemos borrón y cuenta nueva o nos vamos a la mierda todos… Todos”.

La Romareda hubiera ardido por los cuatro costados si la gota que colmó el vaso de la paciencia del aficionado se hubiera producido allí. El Ibercaja Estadio, un engendro impersonal y sin alma que nació para acelerar las obras del nuevo campo para llegar a tiempo para el Mundial 2030, resonó con cierta fuerza por primera vez. Hubo reproches en voz muy alta, cánticos contra la directiva, pitos, tensión y una despedida a los jugadores camino de los vestuarios de acuerdo con el alcance de la situación.

No fue como en Andorra, que al equipo pareció darle igual la coyuntura en la primera mitad. Como si no fuera con ellos. Contra el Burgos, los futbolistas se esforzaron. La cuestión es que no dan para más. Se necesita capacidad futbolística y ahora mismo la que hay es limitada. Falta calidad y la confianza del grupo en sí mismo está también desaparecida. Sellés llenó la alineación de meritorios canteranos en un intento de lograr un imposible: ganar solo por la vía sentimental. A su lado en el banquillo dejó a toda esa retahíla de fichajes lamentables con los que Txema Indias está a punto de condenar al Real Zaragoza al purgatorio de la Primera RFEF, el mayor fiasco de toda su historia.

La responsabilidad de la situación recae en el director deportivo, en el resto de ejecutivos en la ciudad y, por encima de todos, en la propiedad de la SAD, en todos y cada uno de los dueños del club, uno por uno, con Jorge Mas el desaparecido a la cabeza. El presidente y sus compañeros de viaje, los que alguna vez han aparecido por Zaragoza como quien va de visita a un lugar al que nunca volverá, el consejero Mariano Aguilar, figura en el origen de todos los males deportivos, y, cómo no, los que manejan los hilos de las decisiones desde el primer día y que siempre han estado escondidos detrás de las bambalinas más cobardes. Hace menos de un año, el club despidió conjuntamente a Miguel Ángel Ramírez y a Juan Carlos Cordero. Menos de doce meses después, el club está en las mismas. Nadie aprendió nada.

Quedan 42 puntos por repartir. Matemáticamente, la permanencia todavía es posible, aunque ahora mismo es lo más parecido a un imposible. En cualquier caso, con quien sea al mando, el equipo deberá intentarlo mientras no esté definitivamente descartado. Será ya sin Rubén Sellés y con el proceso de cambio en la dirección deportiva también abierto: Lalo Arantegui es el principal favorito al puesto. Desde que fue despedido en diciembre de 2020, siempre ha querido regresar. No ha vuelto a trabajar en una secretaría técnica en todo este tiempo y se ha dedicado al mundo de la representación. Esto ahora, luego la revolución se agrandará mucho más y afectará a todos los niveles. El Real Zaragoza, sus nombres principales y su actual estructura, va a saltar por los aires.

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