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Una actriz se planta frente a un taxista tras un episodio de catalanofobia: "Le dije que era un fascista"

En España siguen apareciendo episodios de catalanofobia que demuestran que hablar en catalán no siempre es bien recibido. Estos casos generan polémica, ya que reflejan que todavía hay personas que discriminan a otras por el simple hecho de utilizar el idioma.

Aunque el catalán es una lengua oficial en Cataluña, Baleares y la Comunidad Valenciana, cada vez son más los testimonios de personas que aseguran haber sufrido rechazo o comentarios negativos simplemente por hablarlo.

La escritora Estel Solé, ganadora del 45º Premio de las Letras Catalanas Ramon Llull con la novela 'Aquest tros de vida', relató en su cuenta de X (antes Twitter) lo ocurrido el pasado 22 de febrero, cuando intentó reservar un taxi para su madre y su hijo.

Según explicó, al llamar al conductor para preguntar por el retraso, este le respondió: "Ya le he dicho a tu madre que me habléis en castellano". Ante la situación, la escritora confesó que decidió plantar cara: "Le canté las cuarenta, cancelé el servicio. A tomar por c*** el facha. Menos simpatía sumisa y más mala leche cuando atacan nuestros derechos".

En declaraciones al programa 'La Selva' de TV3, la actriz admitió sentirse "enfadada, dolida, pero contenta de estarlo", aunque confesó estar contenta con su reacción: "Creo que se tiene que acabar la época de los lirios, la época de esta sumisión complaciente y es hora de sacar nuestra mala leche para defender nuestros derechos".

La escritora subrayó que este tipo de situaciones no son incidentes aislados, sino reflejos de un problema más profundo: "Nos falta autoestima y nos sobra bonhomía en este sentido, y no debemos permitir más que se pisoteen nuestros derechos".

Solé explicó que, aunque normalmente es más sumisa, en esta ocasión le "petó un cable" y decidió plantarse frente al taxista, defendiendo su derecho a hablar catalán sin que nadie se lo imponga.

Además, hizo un llamamiento a la comunidad catalanoparlante para que no se deje llevar por la idea de que la simpatía de los hablantes condiciona el uso de la lengua: "Un derecho es un derecho, y es muy peligroso y muy perverso subordinarlo a la posible simpatía o no de una persona. Uno puede tener mala leche y respetar mucho, y uno con mucha simpatía puede faltar al respeto".

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