El próximo viernes, el Real Madrid visitará Balaídos. Cada temporada, esta cita marcada en rojo en el calendario le recuerda a más de uno una curiosa escena vivida en la Semana Santa del 1998. Con un empate a un gol en el marcador, una gaviota posó sobre el césped de Balaídos retrasando el inicio del segundo tiempo. Un atrevido Fernando Morientes intentó retenerla y se llevó de la ciudad no solo una derrota final, sino un picotazo que hizo reír tanto al estadio como a sus propios compañeros.
Karpin, Mostovoi, Roberto Carlos, Raúl, Karembeu, Fernando Redondo, Seedorf, Javier Irureta en el banquillo celeste e Iturralde González con el silbato en la boca. Una estampa de época a la que una simple gaviota de las que suelen acudir a Balaídos le robó el protagonismo, y ya es decir.
Como si de un 'sketch' se tratase, el ave se coló en un Celta - Real Madrid de liga de la temporada 1997/1998 y aterrizó en el campo tras planear a la altura de la cara de varios futbolistas. En pleno 'show', incluso voló hacia una de las porterías desviando su trayectoria justo antes de sobrepasar la línea de gol, lo que provocó un gracioso cántico al unísono en el graderío celeste, un «uuuuuiii» como si se tratara de una oportunidad marrada de los suyos. Finalmente, se posó en la hierba y comenzó a dar varios pasos con toda la pachorra ante la atenta mirada de un recinto lleno hasta la bandera.
Se preparó desde la primera parte
«Fue la gran protagonista de los 'flashes' de Preferencia. Estuvo por allí hasta que se acabó el primer tiempo», relataba la crónica de este episodio que entonces publicó FARO.
Lejos de retomar el vuelo como de costumbre hacen las numerosas gaviotas que bajan a la hierba de Balaídos, esta quiso sentir bien de cerca a los 'cracks' mundiales. De hecho, este Real Madrid acabó ganando su séptima Champions un mes más tarde, ante la Juventus con un tanto de Pedja Mijatovic.
Al hilo, la orejona supuso un bálsamo, pues el conjunto dirigido por el alemán Jupp Heynckes llegaba a Vigo con una racha de 13 partidos consecutivos sin ganar fuera de casa. Tampoco lo logró ni en la ciudad, de donde se marchó con un 2-1 tras un doblete de Mostovoi, ni en el resto de la temporada. La diana merengue la anotó Hierro de penalti, al igual que el gol de la victoria rubricado por el ruso.
El delegado del Celta salió corriendo con una parka
«Sale un espontáneo para torear a la gaviota», narró, entre carcajadas, el sempiterno Michael Robinson en el programa El día después, de Canal+. El británico se refería al delegado del Celta, Carlos Pérez, que no dudó en perseguir al ave con una parka a modo de red para atraparla. Arrojó su «peligrosa arma» -se escribió irónicamente en el decano- hasta en dos ocasiones y aturdió a la gavia, pero se safó igualmente.
Fue en ese preciso momento de desespero cuando el Moro, como era conocido Morientes, con ánimo de ayudar le echó las manos al animal. De inmediato, cuando menos se lo esperaba, el ave giró el cuello y le propinó un tremendo picotazo en su mano derecha que hizo que el ariete español se retirase de la particular 'caza'.
Tal gesto originó una comidilla entre un sector de aficionados: la primera mascota de la historia del club, precisamente una gaviota con un casco vikingo llamada Nocho -por Quinocho- que perduró sola una temporada -la 95/96-, se había reencarnado aquel día en una de verdad.
Aquel año el Celta terminó la competición doméstica en la sexta posición, clasificado a UEFA, mientras que el conjunto capitalino la remató cuarto, por detrás de un Barcelona campeón, el Athletic y la Real Sociedad.
Catanha y una 'violenta' gaviota
Dos años más tarde, en el 2000, otra 'gaviota' se instaló en Balaídos. El Celta fichó por 12 millones de euros al hispano-brasileño Henrique Guedes da Silva, el mítico Catanha, que dejó en las arcas futbolísticas del club 46 goles que celebró abriendo sus brazos cual paviota, un animal que le impresionó por su omnipresencia en la urbe olívica.
La relación gaviota-Celta 'se retomó' en las postrimerías de la temporada pasada. El club puso a la venta unas camisetas serigrafiadas con la imagen del ave portando en su pico un cuchillo, una imagen captada por una compañera de FARO que se hizo viral.
Más recientemente, a finales de febrero, un futbolista en Turquía trató de reanimar a una gavia tras recibir un balonazo.