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El Celta sale en busca de caza mayor

El Celta enviará hoy a sus padrinos para retar en duelo a Aston Villa u Olympique de Lyon. Palabras mayores; sueños gigantes para un equipo que entrará en el bombo borracho de felicidad y dispuesto a desafiar a cualquiera. Los vigueses certificaron su presencia en octavos de final tras vencer otra vez a un PAOK al que han amargado la temporada. Un gol de Williot a la hora de juego confirmó la superioridad de los vigueses sobre un equipo griego que llegó a Vigo con el objetivo de mantenerse con vida todo el tiempo que fuese posible para alimentar dudas en el bando céltico. Si a través de lo futbolístico no podían, tal vez tuviesen alguna opción en el plano mental. Todo pasaba por sostenerse en pie hasta el último tramo de la eliminatoria, pero el Celta no se lo consintió. La entrada de Miguel Román en el descanso resultó providencial porque aclaró las ideas del conjunto vigués y Williot dobló el brazo del PAOK para desatar la fiesta en Balaídos donde se celebraba que habrá un mañana, un nuevo sorteo, otra eliminatoria...esa esperanza que ahora mismo se extiende descontrolada hasta invadirlo todo.

Pero antes de la hemorragia de júbilo con la que acabó la noche hubo una tarea compleja que cumplir. El PAOK no tardó en dejar claro que poco tenía que ver con el equipo al que hace una semana el Celta estuvo a punto de pisotear, lo que hubiera convertido el partido de ayer en un simple trámite. Más ordenado el cuadro griego para cortocircuitar el acceso a los puntas del Celta, más seguro en la circulación y más peligroso en el balón parado donde explotaba las opciones que le daba un gigante como Giakoumakis, los de Lucescu fueron ganando confianza con el reloj como cómplice. Mientras la eliminatoria estuviese en un gol el objetivo estaba cumplido para ellos. 

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Prudente de salida, el Celta sufrió para ganar presencia en el campo griego. Quería tener la seguridad de que pisaba sobre suelo firme y eso le apartaba algo de su naturaleza más jovial. Un exceso de control algo plomizo. El equipo vigués trató de progresar casi siempre por el costado de Carreira, pero sufrió para encontrar a Aspas, Borja Iglesias y Williot, que se juntaban en el medio tratando de buscar conexiones que no se daban.

Hasta el minuto veinte, con un disparo de Aspas que desvió sin querer Williot, el Celta no amenazó al PAOK con seriedad. Luego la tuvo Vecino, que formó pareja con Moriba en el centro del campo en lugar de Miguel Román, en un disparo que se fue ligeramente desviado. Pero el partido iba a tirones, con el equipo de Claudio retenido por los nervios, algo impreciso en la circulación y con los griegos alimentando sus ilusiones en los últimos minutos del primer tiempo cuando pisaron con intención el área de Radu para generar un par de llegadas desactivadas por las coberturas de un pletórico Carreira. El Celta no progresaba, pero en un gesto de madurez, tampoco se alteraba.

Cambios al descanso

Todo cambió en el descanso. Claudio dio entrada a Miguel Román por Ilaix Moriba que había visto una tarjeta amarilla algo absurda en el final del primer equipo. Ese peligro no lo quería el técnico cerca y apareció en escena el de Gondomar y todo se aclaró. Fue como si entrase en el campo un grupo electrógeno. Se le hizo de día al Celta. El de Gondomar puso orden, desplazamiento en largo, verticalidad y subió una marcha el ritmo de un equipo que por momentos había tenido una velocidad pastueña. Al PAOK ya le costaba más cerrar los pasillos y alrededor de Román se fueron asociando futbolistas, sobre todo Carreira y Williot por el costado izquierdo. Uno de sus balones cruzados llegó a Rueda que entregó cedió atrás para que Borja sacase un gran disparo que se encontró con una gran parada de Tsiftsis. Fue el primer y único aviso del Celta. No hubo un segundo. Cumplida la hora de juego otra vez Miguel Román puso en marcha la maquinaria por el costado izquierdo para armar una jugada en la que intervinieron Carreira y Borja Iglesias antes de que el balón llegase a Williot. El sueco, una maldición para el PAOK al que ha marcado en todos los tres partidos de esta temporada, volvió a hacer magia para confirmar que es como esos anfibios de colores que esconden un veneno mortal. Tan inofensivo en apariencia, tan letal en su ejecución. El atacante se sacó un remate fuera de clase, un pase al rincón de la portería, un balón que se deslizó por el césped con la velocidad justa para hacer imposible el esfuerzo del portero.

El partido ya estaba en su mano porque el gol tuvo un efecto devastador en el PAOK que sabía que sus carreras ya no le llevaban a ningún lado. El Celta manejó el juego con tranquilidad y calma, con todo el mundo bien orientado y encontrando transiciones peligrosas (incontenibles Carreira y Rueda, aunque mucho más preciso el primero) para marcar un segundo que rozó en varias ocasiones. Tiempo para el manejo de los descansos, para dosificar esfuerzos. Claudio dio entrada a Fer López, Jutglá y Jones y la única duda era si la diferencia se iba a agrandar un poco más. Pudo hacerlo Jones, pero su remate se fue desviado por poco. Ya no importaba. La justificada fiesta ya estaba en marcha, los sueños ya volaban camino de Lyon o de Birmingham.

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