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Barry B: "La natación me aportaba mucha disciplina y orden en mi vida"

Gracias a un accidente de coche que pudo tener funestas consecuencias, Gabriel Barriuso, acabó componiendo canciones que calan entre sus seguidores y colegas de profesión como Aitana o Carolina Durante que han querido colaborar con él. Su discurso vital y puntos de vista coyunturales no tienen desperdicio.

Siempre empezamos estas entrevistas con idéntica pregunta. Deportivamente hablando, si tuviese que hacer un paralelismo, ¿en qué momento se encuentra su carrera?

¡Qué malo soy para esto! Me veo como Michael Phelps antes de ganar sus oros olímpicos. Estoy preparándome muy fuerte para esto que he generado porque sé que es mi vida y estoy entrenando muy duro. Como sé que Phelps lo hacía unas doce horas diarias estoy inmerso en esa movida, muy metido con el equipo que tengo a mi alrededor para preparar todo esto. Me veo reflejado en él.

Se ha ido a la natación sin pensar.

Porque estuve 10 años nadando y es el deporte que más he practicado, más cercano y con el que me veo reflejado. Estuve compitiendo mucho tiempo en Castilla y León y tuve un par de mínimas para el nacional de Madrid en las disciplinas de 50 y 100 metros libres y 100 estilos.

Esta no me la esperaba.

Pero pasa que a los 18 o das el salto porque eres buenísimo o te pones a estudiar y es lo que hice. Nunca se sabe dónde acabarás. Empecé a nadar con 8 años y en tu vida no hay otra cosa que la natación hasta los 18 que tuve un grupo de música en Aranda de Duero y te das cuenta de que los hábitos de un grupo de rock no son los más compatibles con la natación de élite. Y eso que me encantaba nadar y entrenaba de 3 a 4 horas diarias menos los fines de semana que competía.

¿Qué le aportaba la natación?

Principalmente disciplina. Me gustaba nadar y las compañías que tenía eran las del equipo que eran muy saludables. El entrenador era uno de mis mejores amigos y se convirtió en casi hermanito y me aportó el hacerlo a degüello sin mirar atrás, sin ser el mejor, ni destacar, pero conseguía cosillas.

Entiendo que Michael Phelps era su referente.

¡Estaba obsesionado con él! Nadie podrá igualarle en la vida, pero me comparo porque fue y es un referente y pienso en Phelps porque espero conseguir cosas muy importantes en la música.

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Barry B, con Ignasi Sagnier
V. Enrich
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¿Dónde se ve dentro de unos años?

Sueño con llenar estadios como cualquier artista. Ahora lleno salas, pero me siento muy bien. Estoy en paz, no tengo deudas, trabajo de lo que me gusta, a la gente le llegan mis canciones, soy respetado en la industria, nadie pisa mi movida, ni yo se la piso a nadie. Con estar igual me vale, pero si lleno algún estadio mejor (risas).

¿Qué desea transmitir con su música?

Mi forma de componer es bastante terapéutica y veo que las canciones que escribo lo son para quienes me escuchan. Se ha generado una comunidad en la que todo el mundo se ayuda, donde eres un individuo y la gente está a una, comparte música, letras. Hago terapia de comunidad.

Estudió ingeniería, pero un accidente cambió su proyecto de vida. El destino es tan caprichoso que, a veces, de una desgracia salen cosas buenas.

Me pegué una buena ostia. Era becario en una empresa de automoción en Burgos y me dieron una beca para trabajar en México. Con 24 años, pillé el coche ‘mamao’ y me estampé contra unos que estaban aparcados. Dejé el mío como un acordeón y me sobé encima del ‘airbag’ hasta que me despertó la policía. Acabé en comisaría, me retiraron el carné un año y perdí la beca porque lo necesitaba para conducir en México. Y no puedes beneficiarte de ayudas si tienes antecedentes. Todo muy bonito. Volví a Aranda para trabajar en el restaurante familiar y eso me devolvió a este mundo. Esa época vi que se podía hacer música digital con el ordenador y trabajé con productores de Aranda y lancé ‘Kit-Kat’ que llegó a Sony Madrid y me hicieron el primer contrato.

Vaya caminos depara el destino. Pasó de la nada al (casi) todo o, por lo menos, a tomar un camino definitivo en su vida. Una profesión que le da de comer.

Pasé de estar en el pozo de mierda más absoluto a ver las cosas con más luz. Lo del accidente fue una liada no muy liada, porque no lo hice a propósito, ni con premeditación, pero fue una gran decepción y mi madre ni me reconocía. Al hacer música aprendí a quererme más, a estar más tranquilo y esas vainas. Dicen que cuando atraviesas una desgracia tu cerebro reacciona y actúa y yo quizá solo aprendo a base de tortazos.

‘Infancia mal calibrada’ es el título de su nuevo disco. ¿Es una revisión de lo vivido?

Es enfrentarme al pasado, a cosas que uno ha dejado atrás. Todo el mundo tiene movidas personales a las que no se enfrentó en su día y miro adelante sin hacer las lecturas pertinentes. Este año he sabido perdonarme con mis amistades, con el pueblo, con las movidas que tuve de pequeño y es un concepto bastante ‘tocho’ lo de calibrar tu infancia con un arma que, dicho sea de paso, no está calibrada. Esa mirilla desenfocada quiere seguir así y calibrarla manualmente te hace vivir la vida como lo hago ahora. Tu infancia repercute en lo que acabas siendo.

¿Cómo ve a la industria?

Bien. Se ve a las compañías discográficas como demonios, pero me han ayudado, impulsado y respetado. He hecho la música que he querido, la han aceptado y hemos trabajado en base a lo que deseo. Estoy bien en la industria, aunque es verdad que me he curtido y sé que es estar 8 horas en una oficina o de camarero por lo que trabajar de esto lo veo un regalo. La gente puede hacer música desde casa y todo el mundo tiene oportunidades. Es un gusto ver a chavales y chavalas salir adelante con pocos medios y que la peten de un día para otro. Pero es un arma de doble filo porque si lo petas con una canción viral en ‘tik-tok’ y no tienes una base, un trabajo y un aprendizaje acabas en el agujero. Si no hay nada detrás se te jode la vida.

Atraviesa un buen momento y llena salas, pero no hay que creérselo.

Los artistas debemos tener los pies en el suelo. En casa soy Gabriel, no BarryB y es importante diferenciar el ‘alter ego’ de la persona, ser un tío normal, saber ir con tus padres, tus suegros, a que te cuenten su vida, sus movidas cotidianas. Es lo más importante. Al final acabamos todos en la caja de pino y es importante ser agradecido con la gente que te quiere, no creérselo y saber que esto es un oficio como cualquier otro. Pasa es que estás todo el rato rodeado de gente a la que le mola tu movida y tus canciones les salvan, pero eres alguien normal como tus propios fans.

Con su irrupción en el panorama, ¿Aranda de Duero ya es Sonorama y algo más?

Aranda se ha convertido en el epicentro de la música desde hace años gracias a Sonorama que es una pasada. Javier Ajenjo, el director del festival, es un grande y fue quien hizo llegar mi primera ‘demo’ a Sony. Era como un mánager con mi banda y siempre confió en mí. Gracias a Sonorama empecé a hacer música porque iba con un colega que salía del ‘backstage’ con cervezas gratis porque tocaba la batería mientras yo me quedaba fuera y pagaba. Me dije, ostias tengo cambiarlo. Y monté una banda para el año siguiente no tener que pagar las cervezas.

¿Sigue algún deporte habitualmente?

Me gustan los resúmenes de cualquier deporte, en especial de fútbol. Me gusta ver a superestrellas hacer cosas guapas y meter goles. O ver el paradón de un portero o a Mbappé liarla o a Lamine Yamal tramar alguna cosa de las suyas. Me gusta la afición del Athletic y no me decanto por ningún equipo porque sería un hooligan a ‘machete’. Me gusta ver ‘docus’ de lo que se genera alrededor de una estrella del deporte porque guarda paralelismos con lo que rodea a una del rock.

Son mundos parecidos.

La movida de ser el centro, salir a un estadio lleno, que un patrocinador confíe en ti, me gusta ver cómo lo lleva un deportista. La movida de Nike con Michael Jordan es brutal. Desde cómo se generó el mito hasta el éxito y la vigencia que mantiene. Me gustan las movidas autobiográficas de los deportistas como el documental de Beckham.

Algún equipo le tirará más que otro.

Si tengo que decir uno por proximidad es el Madrid porque mi novia es merengue. Me gusta ver partidos con mi suegro porque mola si es con alguien apasionado por ese equipo, pero estuve viendo al Barça bordarlo contra la Real Sociedad y me gustó mucho. Por familia tengo que ser del Athletic, pero admito que soy un poco disperso y chaquetero según el momento.

¿Tan mítica es la Arandina Club de Fútbol?

Es más mítico el balonmano. Además, ponen mi canción ‘Pensaba que me había tocado Dios’ como himno y tengo que ir un día al pabellón a cantarla y a hacer el saque de honor.

¿Qué aportan las colaboraciones? Ha hecho con Aitana y Carolina Durante.

Son oportunidades de abrirte a más público. Los ‘Carolinas’ escucharon la canción ‘Pensaba que me había tocado Dios’ y me escribió Diego, el cantante, y me dijo “no cambies nada que estoy dentro y ‘palante’” y a la semana siguiente ya estábamos en el estudio. Es un hermano porque confía en mí y es más futbolero que yo y madridista hasta la médula.

¿Y la de Aitana con ‘Trankis’?

Igual. Aitana me dijo que estaba haciendo un disco y que le molaba lo que hago. Me preguntó si tenía alguna ‘demo’ y le pasé ‘Trankis’. Le cuadró de manera natural y en eso he tenido suerte. Fui al estudio, grabé y todo fue bien porque es muy maja. He conocido a las personas que hay detrás del ‘alter-ego’ y cuando descubres a los artistas ves que son personas normales. Tomas un café, ‘chilleas’ y acabas con confianza. Mis canciones hablan por sí solas, cuando son malas tienes que explicar mucho, pero si son buenas no hace falta porque la gente las capta. A Aitana le dije que cambiase lo que quisiera, pero me dijo que le pillaba en un momento vital que le encajaba.

¿Qué parte de exigencia deportiva tiene el componer?

Muy buena pregunta tío. Me he dado cuenta qué es como el deporte y hay que hacerlo fresco. Por la mañana, coges la guitarra, te inspiras, con un ambiente nada nocivo, luego me voy a casa a componer o al gimnasio con mi entrenador. Si te pasas el día componiendo acabas perdiendo la forma y sigo una dieta. El gimnasio me permite tener la cabeza fresca. Un poco de orden es necesario. Esta conversación contigo igual me saca algo que me apunto en el bloc y me sirve para escribir una canción. Cualquier cosa me vale. Tengo rituales, veo películas específicas, o escenas del pasado, o escucho canciones de gente que me gusta, o leo libros, me gusta ver vidas de otras personas. Le doy muchas vueltas pues considero que las letras son importantes porque salvan vidas, bueno no salvan vidas, digamos que hay letras de Johnny Cash que me han salvado.

Si puede ser que la nueva canción se titule ‘Veladas Sonoras’. Ahí lo dejo.

La verdad es que mola el nombre de la sección y quedaría bien como título.

Los 12 y 13 de marzo actúa en Apolo con todo vendido. ¿Una final de Champions?

Los que son ‘pro’ de Barcelona me dicen que Apolo es el emblema de Barcelona y lo daremos todo. Parece que se generan muy buenas energías y no veo la hora. Desde que vengo a Barna he notado que el público es más frío que en Madrid, pero cuando te abraza es una locura. La gente es mucho más ‘hooligan’ y espero una movida evangelista y como el sonido es muy bueno se apreciará nuestra banda. Somos una estampida con canciones tristes, lloros, ‘pogos’, baladas, épica. Me mola estar rodeado de nostalgia y que las cosas acaben bien en el amor.

¿Cómo prepara los conciertos?

Gracias al entrenador personal y a las clases de canto me siento más seguro. Generas adrenalina y te vienes hacia arriba. Tenemos un grito antes de salir y nos ponemos en sintonía los seis que somos en el escenario. La idea es imitar a Bruce Springteen y mi sueño es generar comunidad.

¿Qué escucha actualmente?

Sam Fender me vuelve loco, revisito Led Zeppelin, Placebo, Pixies, Smashing Pumpkins. Me empapo de mucha música. De los nacional destaco a Carlos Ares que es increíble y me llevo muy bien con él porque es fiel a su movida y la defiende a muerte, Rusowsky, Ralphie Choo y Carolina Durante.

La última, ¿qué sonaba en el coche de tus padres?

Mis padres tienen un restaurante en Aranda que se llama El Ventorro. Me emociona la pregunta porque ellos trabajaban y me dejaban en casa de mi abuela y le debo todo a mis tíos Santos y Nazareth que me ponían Stones Roses, Killers, Strokes y flipaba. Mis tíos me enseñaron la cultura por la música. Y en el coche de mis padres Eric Clapton o Manolo García.

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